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¿Qué queda de Donostia 2016 diez años después?
-El viernes se cumple el décimo aniversario del inicio de la capitalidad europea. ¿Cambió la forma de vivir la cultura o se frustraron las expectativas? ¿Fue otro impulso al 'boom' del turismo? Tres miradas a un año especial
Mitxel Ezquiaga
San Sebastián
Lunes, 19 de enero 2026, 06:48 | Actualizado 07:55h.
Aquel 23 de enero de 2016 empezó en fiesta y terminó en decepción. Por la mañana mas de 6.000 tamborreros se reunieron en la playa de La Concha, en una imagen inusual, para inaugurar la capitalidad cultural europea de Donostia. Por la noche una multitud se congregó en torno al puente María Cristina para asistir a la ceremonia inaugural oficial, que se anunciaba como «una novedosa celebración», pero el diseño preparado por el catalán Hansel Cereza desilusionó a muchos. «Lo del puente», como fue bautizado popularmente, hizo que la capitalidad comenzara con un sabor agridulce.
Han transcurrido diez años desde aquel 2016. El proceso iniciado en 2008 por iniciativa del entonces alcalde Odón Elorza fue superando una larga carrera de obstáculos que, de forma inesperada para muchos, fructificó en 2011 con la elección de San Sebastián como capital europea de la cultura. ¿Qué queda hoy de Donostia 2016? «Cambió la forma de vivir la cultura en la ciudad», dice el hoy alcalde Jon Insausti, entonces concejal. «Parece que reina una sensación de fracaso colectivo, pero también dejó muchas cosas buenas», afirma el director teatral Fernando Bernués, parte de la organización en su momento. «A los jóvenes nos sigue costando encontrar circuitos para trabajar», certifica la música donostiarra Sara Azurza. Son tres miradas distintas que completan un rompecabezas sobre un intenso año: han pasado solo diez años, pero para algunos parecen diez siglos. Fue una capitalidad promovida por el socialista Elorza, preparada luego por un Bildu que nunca había creído en ella y gestionada al final por el PNV de Goia con la voluntad de salvar el expediente con la mejor nota posible.
«Demasiado adelantada»
El alcalde donostiarra, Jon Insausti, era un joven concejal sin cartera en el gobierno municipal en aquel 2016. Luego, ya como concejal de Cultura, le tocó gestionar el legado, y hoy hace balance ya como primer edil. Y su diagnóstico resulta «muy positivo», porque lo cree de verdad o tal vez porque es el papel que corresponde al cargo.
«La capitalidad marcó varias tendencias que han quedado en nuestra cultura del día a día», afirma Insausti, «como una muy bien engrasada colaboración entre instituciones y agentes públicos y privados, el cuidado de los creadores con el foco puesto en la cantera y una alianza con otras ciudades europeas en línea con lo que ya había venido haciendo San Sebastián en el pasado».
Insausti considera que aquella programación fue incluso demasiado «adelantada». «Hoy, diez años después, estaríamos mejor preparados para disfrutar de aquellas propuestas, sus nuevas disciplinas y lenguajes. Aspectos como la igualdad de género, la inclusión social, la preocupación por el medio ambiente, ya presentes en nuestra cultura del día a día, vienen en parte de entonces», añade el alcade. «Fue un año que quizás no dejó grandes equipamientos, aunque Tabakalera se inauguró poco antes, pero sí nuevas formas de trabajar».
¿Qué queda del legado concreto? «Uno de los proyectos más visibles y vigentes es Albaola y la nao San Juan, pero queda mucho más», responde Insausti. Por ejemplo, «el programa Antzerkigintza Berriak - Nuevas Dramaturgias, donde colaboramos con el Arriaga y el Principal de Vitoria para dar oportunidades a autores teatrales. O Ikusmira Berriak, que hace el mismo papel con los creadores audiovisuales de la mano del Zinemaldia y de Tabakalera. O el festival Glad is The Day, mi favorito, que inició el uso de los parques y zonas verdes en festivales de mediano formato, como ocurre también con el Boga Boga o Musika Parkean. Las programaciones de Tabakalera y San Telmo también reflejan la herencia de la capitalidad».
Una de las actuaciones más valoradas del 2016 fue el montaje en Cristina Enea de 'Sueño de una noche de verano', y entonces se habló de que se repetirían iniciativas así cada dos años. Pero nunca más se hizo. «La idea estaba sobre la mesa, pero llegó la pandemia con su parón», explica Jon Insausti. «Luego valoramos la gran inversión que exigía y apostamos por un sistema más sostenible, en el que hubiera más festivales y eventos de mediano formato durante el año que una gran propuesta como esa que absorbiera tanta parte del presupuesto».
Fernando Benués fue precisamente uno de los padres de aquel 'Sueño de una noche de verano' que sigue siendo tan recordado. El director teatral donostiarra disfruta de una posición privilegiada para hacer balance: fue uno de los ideólogos de las dos presentaciones de Donostia 2016 que sedujeron al jurado para que ganara San Sebastián, luego fue responsable cultural un tiempo dentro de la oficina de la capitalidad y después, ya fuera del organigrama, creó el 'Sueño' de Cristina Enea que muchos recuerdan como uno de los mejores momentos de la programación.
El 'abrazo' de Oteiza
«Parece que se ha impuesto cierta idea de que aquello fue un fracaso colectivo, y sí es cierto que queda la sensación de que se pudo haber aprovechado mejor una ocasión única, pero también quedan elementos positivos», opina Bernués. «Al menos durante un tiempo la cultura estuvo en el debate social, como la Real. Soñamos que las iniciativas culturales surgieran libres, pero las instituciones, diez años después, siguen recelando de las actividades que escapan a su control».
De su paso por el organigrama Bernués recuerda «el control y el miedo» de los políticos, «fruto del tiempo complicado que aún vivía el país», y en lo personal le queda la pena de que no saliera adelante un proyecto basado en una vieja de Oteiza que le ilusionaba especialmente: la cadena humana de paz que uniera los puntos donde murieron Txabi Etxebarrieta y el guardia civil Pardines en 1968. «Era un mensaje de reconciliación quizás demasiado anticipado a su tiempo».
La cantautora y música donostiarra Sara Azurza tenía entonces solo 19 años y estudiaba en la universidad Pompeu Fabra de Barcelona. «Yo empezana a escribir mis primeras canciones y veía cómo Donostia quería aprovechar la cultura para construir una sociedad mejor, sobre todo viniendo de los años difíciles que había atravesado el país. Pero aquello me resultaba ajeno, en cierto modo», recuerda.
Azurza considera que «seguro que habrán quedado aspectos positivos», pero lamenta que diez años después «siga siendo difícil para los artistas más jóvenes encontrar circuitos alternativos donde salir adelante». Y la música donostiarra recuerda que «para muchos fue en ese 2016 cuando la proyección exterior de la ciudad creció tanto, con el aspecto positivo de que gente de otros sitios quisiera saber más de nuestra cultura, pero con la contrapartida den ese crecimiento turístico que ha podido resultar finalmente incómodo para los propìos donostiarras».
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https://dss2016live.blogspot.com/2016/04/inauguration.html
https://dss2016live.blogspot.com/2016/06/que-piensan-los-donostiarras-de-2016.html
https://dss2016live.blogspot.com/2016/06/sueno-de-una-noche-de-verano.html
https://dss2016live.blogspot.com/2016/12/mas-reproches-que-aplausos-para-la.html

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